Migración, éxodo y escuela: en busca de 5.000 soluciones

//

La búsqueda de un nuevo hogar, constante en la historia del ser humano, nunca fue tarea fácil. La escuela actual muta de forma vertiginosa para afrontar uno de esos procesos, que comienza a expandirse progresivamente: la acogida de menores migrantes llegados en pateras a las aulas primero de Canarias y, pronto, del resto del territorio español. Se trata de darles un techo escolar a más de, con cifras de los primeros compases del año, 5.000 menores no acompañados (llamados de forma despectiva MENAS) tutelados por la administración. Un hogar entre sus iguales, por una cuestión de dignidad, de humanidad; cuando quien está a nuestro lado no puede consentir su irremediable destino. 

Sobre el destino —el Hado de la tradición clásica— leo estos días el ensayo El arte de resistir, de Andrea Montelongo (Taurus, 2023), que se acerca en forma de relectura contemporánea al poema épico latino Eneida, de Virgilio. En uno de sus capítulos recrea, para hablar de la aceptación del destino del héroe, la máxima romana fast non est, que traduce acertadamente como “no nos es dado”.

Cuando los centros escolares reproducen un modelo fabril herencia del taylorismo, los seres humanos que en ella conviven, si usamos la metáfora de Eduardo Galeano, de repente “no tienen nombre, sino número”. Esta “subhumanización” se agudiza en el caso de los chicos y chicas extranjeros en desamparo o guarda, con grave riesgo de que sus derechos sean vulnerados una vez entran en nuestro territorio. Unos derechos que no les son dados, por su condición y origen. 

Lo que la actual crisis migratoria nos está dejando no es una llegada pausada de personas que taladran sus esperanzas de vida lanzándose a un mar proceloso que tampoco es el de los poemas clásicos. Se asemeja más, en cambio, a un remolino de injusticias vitales en el que la vita nuova deseada no es la esperada; es asistida, en cambio, desde nuestra óptica de receptores, como un problema más para una escuela desbordada. Unas instalaciones educativas incapaces de acoger una especie de “éxodo” que nos recuerda el mundo desigual que hemos construido. 

El éxodo de los más de cinco mil menores de edad que han llegado este año en pateras a las costas canarias busca morada en los entornos de seguridad, aprendizaje y cuidados que pueden ser nuestras escuelas. Pero en el tronco etimológico de la propia palabra está la raíz del problema que está ocurriendo. En sus lejanos orígenes indoeuropeos, “éxodo” proviene de “sentarse” y, luego, en la forma griega, “sentar, asentar, fundar, erigir…”. Luego, en su evolución morfológica, se aportó el matiz de “hacia afuera, salida o escape”. En todos estos significados, y como momentos históricos del pasado que nos hablan de otros movimiento masivos, podemos bucear para entender que no se ha preparado el armazón de nuestros centros escolares para una escolarización masiva de esta envergadura. 

En una gran parte, los chicos supervivientes de este “escape” que buscan fundar una nueva razón para la supervivencia en el continente europeo —su Tierra Prometida—, no han tenido escolarización previa en sus países de origen, por lo que no saben leer ni escribir. Y no solo eso: en algunos casos no reconocen un número ni saben cuestiones básicas del medio natural o social en el que nos desenvolvemos. A sabiendas de que no existe solución idílica para ellos, ¿qué tipo de atención educativa se les puede ofrecer en un centro escolar ordinario? Canarias, hoy, no es la antigua Atlántida que cita Platón, ni en ella está el territorio bucólico en forma de locus amoenus donde encontrar un paraíso. Tampoco en muchas otras regiones del territorio nacional. Probablemente en ningún lugar estemos preparados para ofrecer una solución escolar plausible a una crisis migratoria de esta envergadura.

De nuevo la educación vuelve a cargar con la responsabilidad de arreglar la profunda avería estructural de nuestra sociedad. Sin embargo, sí hay algunas vías que pudieran contribuir a que este éxodo se convierta en la puerta para trabajar, desde la diferencia, el enriquecimiento en la diversidad, en este caso cultural y étnica. Pero eso, como siempre, requiere de una apuesta decidida por transformar la escuela inyectando recursos materiales y humanos, además del necesario cambio de mentalidad, y esa siempre es la barrera con la que se choca. 

Por un lado, se hace necesario un cambio organizativo en los departamentos y áreas de idiomas de las administraciones educativas, además de los centros del profesorado, incorporando personal especializado en mediación intercultural, psicólogos e integradores sociales para que orienten el proceso de inclusión de este alumnado en los centros. Deben coordinar la creación de materiales de apoyo para alumnado no hispanohablante con otras barreras y grandes necesidades, que pueda ponerse a disposición de los centros de forma coordinada. 

Por otro lado, urge trabajar en el reconocimiento de la especial vulnerabilidad de este alumnado a la hora de conceder recursos de atención a la diversidad. Resulta inconcebible que, en cuanto a la concesión de horas de apoyo idiomático y profesorado especialista , su tratamiento sea igual que el del resto de alumnado no hispanohablante. 

Se precisa también estudiar la posibilidad de crear aulas temporales de intercambio lingüístico y cultural, como ya existen en determinados lugares, con personal especializado, que faciliten la posterior inclusión de este alumnado en los centros ordinarios desde una perspectiva inclusiva y teniendo en cuenta su especial vulnerabilidad. Estos espacios serían de tránsito, temporales; podrían ubicarse dentro de un mismo distrito o por áreas, con el fin que sean el motor para la creación de materiales y el puente necesario entre culturas, por lo que también es necesario que en ella se mueva en determinados momentos alumnado autóctono, para favorecer la interacción social . 

Por último, hay que ampliar la formación docente no solo en enseñanza de español para migrantes de estas características, sino también en educación intercultural. Para ello debemos aunar lo que las ciencias sociales y la tecnología digital han avanzado en este campo para trabajar desde un enfoque dialógico, de intercomprensión ingüística, además de la creación de redes entre profesionales que se enfrentan a una problemática similar, para que compartan materiales e inquietudes. 

Entender, en definitiva, que a pesar de que no podemos tener cinco mil soluciones, una para cada situación, sí podemos ampliar el enfoque de una escuela que necesita del firme apoyo de todos los agentes públicos y sociales para que pueda reconstruirse. Repensemos esta educación migrante no para convertir de forma utópica a los centros en las islas de los bienaventurados de las que hablaba Homero, sino en un bastión realista con un mínimo de esperanza para que estos jóvenes viajeros tengan una vida digna entre nosotros. Porque de esta odisea vital, todos, en cierto modo, formamos parte, si queremos reimaginar un futuro colectivo mejor. 

Deja un comentario

© 2021 Albano Alonso

Aviso Legal / Política de cookies / Política de privacidad /