Evaluar en tiempos de la LOMLOE: ¿trimestres o evaluación continua?

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En los claustros y pasillos de nuestros centros educativos puede circular una pregunta que parece de respuesta sencilla, pero que encierra un cambio profundo: ¿siguen existiendo la primera, la segunda y la tercera evaluación con la LOMLOE, tal y como siempre lo hemos entendido?

Pienso que la solución exige mirar más allá de las palabras e intentar comprender bien el sentido de la normativa. Recordemos que la LOMLOE y Real Decreto 984/2021 (el Real Decreto de Evaluación y Promoción) establecen que la evaluación debe ser continua, formativa y criterial. Es decir, un proceso permanente que acompaña al alumnado en su aprendizaje, basado en criterios y competencias, no en la suma de notas aisladas (la clásica evaluación sumativa).  

La concreción legislativa en las distintas comunidades autónomas reafirma este enfoque a la hora de regular la evaluación y promoción en todas las etapas. La información periódica es obligatoria (las tradicionales primera, segunda y tercera evaluación), pero no se conciben como “tres resultados” que se promedian: la evaluación es un proceso de acompañamiento, con rúbricas y descriptores de logro que orientan la calificación.

La parcelación en trimestres sigue siendo la forma más práctica de organizar el curso escolar y de comunicar avances a las familias.  Por eso se siguen entregando “las notas” tres veces a lo largo del curso, más o menos coincidiendo con los momentos previos a cada periodo vacacional. Por eso también sigue habiendo alumnado preocupado por suspender tras estas evaluaciones, y otro alumnado que aparenta dejadez. En medio, todo tipo de situaciones en cada aula, diversas como diversas son las singularidades que tenemos en una clase. 

Sin embargo, con las nuevas normas se transforma su significado pedagógico, y eso lo debemos trabajar como cambios lentos pero importantes en la idiosincrasia escolar.

Antes teníamos tres evaluaciones sumativas que se promediaban;  ahora, en cambio, nos encontramos como mínimo con tres cortes informativos dentro de una evaluación continua, que sirven para dar feedback, orientar, proponer mejoras o planes de refuerzos, pero no sustituyen la evaluación continua criterial, ni tampoco al proceso de diálogo permanente propio de cualquier comunidad educativa. 

De hecho, es recomendable no esperar al final de una evaluación para hacer ajustes, reenfocar o reforzar algún aprendizaje mediante cambios organizativos u otros. Recuerda, por lo tanto: no esperes al corte trimestral para ajustar metodologías, si los resultados no son los que esperabas. La evaluación es formativa también para nosotros los docentes. 

Debe quedarnos claro que `podemos seguir hablando de trimestres, o en el lenguaje más tradicional de evaluaciones, pero como periodos organizativos y comunicativos. Nunca hablemos de ellos como si fueran compartimentos estancos que se suman. La normativa obliga a que la decisión final se base en el grado de consecución de los criterios de evaluación, no en medias aritméticas como hacíamos antes. Desde que un estudiante supere los aprendizajes de un criterio, habrá superado su nivel de logro.

En resumen: La LOMLOE no elimina los trimestres, ni mucho menos, porque estos son partes de los acuerdos organizativos contemplados en la Programación General Anual de cada centro. Sí que les cambia el sentido, no obstante: son momentos clave de comunicación (con alumnado y familias), además del intercambio de información propio de las reuniones de equipos educativos. Nunca deben considerarse como evaluaciones independientes. No olvidemos que la verdadera evaluación es continua, formativa y criterial, y se decide al final del proceso (en junio) por el logro competencial alcanzado por el alumnado.  

Esos momentos de comunicación con las familias son, por lo tanto, ahora más importantes si cabe. No es sólo trasladarles una calificación. Se trata ahora de ofrecerles información más clara sobre lo que ha alcanzado y lo que está en camino de lograr —si queremos, “en proceso”), para lo cual es fundamental cuidar el lenguaje (recordemos que, si estamos al final del primer trimestre, al alumno aún le queda bastante tiempo para lograr los objetivos).

Es evidente que este enfoque nos invita a transformar la cultura escolar, pero tampoco debemos preocuparnos, porque en la mayoría de casos, vamos bien encaminados. En ese cambio de cultura escolar, debemos insistir a estudiantes y familias que no se obsesionen por la nota trimestral, sino que le pongan más empeño y atención al progreso real, al error como estrategia clave de aprendizaje, a lo que significa el acompañamiento y la importancia de la figura del docente a lo hora de resolver todas las dudas que asaltan por el camino. 

En definitiva, no se trata de borrar palabras del vocabulario escolar, que tampoco nos conduce a ningún lado, sino de darles un nuevo sentido. Los informes o boletines trimestrales no son balances cerrados, sino fotografías parciales de un proceso vivo en el que lo importante es entender que la evaluación no es un juicio final, sino un diálogo permanente.

Repensar lo que entendemos por evaluar y centrarnos en la capacidad de cada estudiante para avanzar, equivocarse y seguir aprendiendo. 

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