Darlo todo al presente

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Albert Camus fue un escritor y filósofo francés nacido en los albores de la Primera Guerra Mundial y fallecido a inicios de 1960. Fue uno de los grandes pensadores europeos del siglo XX y su legado, en forma de obra, sobre la condición humana, pervive como ejemplo del librepensamiento, la heterodoxia, la rebeldía y la huída de todo dogmatismo. 

Pocos años antes de morir, Camus fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura. En su discurso de agradecimiento, le dedicó unas palabras a su maestro en la etapa de Primaria. Muy poco después, le escribió una carta personal para darle las gracias de nuevo, misiva que obtuvo respuesta por parte del docente ya retirado, poco después.  En esa carta de respuesta, le decía el Sr. Germain a Albert Camus: “creo haber respetado, durante toda mi carrera, lo más sagrado que hay en el niño: el derecho a buscar su verdad”.

Buscar su verdad: eso es lo les deseo a cada uno de ustedes a partir de ahora que se despiden de nuestro centro. Y quiero recalcar no tanto la palabra verdad, que tendrá el sentido personal que cada uno de ustedes quiera darle, sino el valor del posesivo “su”. 

Porque igual que cada uno de nosotros tenemos una concepción del mundo que se entrecruza con la de los demás, también tenemos una idea de la verdad que es íntima y personal. Y esa verdad, que comulga con la verdad ajena para crear una forma de diálogo compartido, es parte de la identidad de cada uno de ustedes: no pierdan en ningún momento el sentido que quieran darle a esa verdad que les pertenece. No se la dejen arrebatar.

Sobre sentimientos verdaderos, diálogo y espíritu crítico también habló Camus en diferentes ocasiones. En una de ellas, dijo lo siguiente: “la verdadera generosidad hacia el futuro está en darlo todo al presente”. Y es en ese presente, ese tiempo detenido que vivimos ahora, hipnotizados por el centelleo fugaz de las pantallas y atravesados por una pandemia que aún nos atenaza, en el que debemos aprender a vivir. Porque por mucho que les cuenten, ustedes no son el futuro, sino son eso: el presente

En ese presente, el nuestro, el mío, el de ustedes, les quiero dar solo unos pocos consejos, porque el resto se los va a enseñar la vida: aprendan a ser generosos, a dar las gracias con la mente y el corazón a las personas que les han apoyado, a sus familias, a los sanitarios que han cuidado de nosotros en esta época tan difícil, a sus maestros del colegio y al resto de docentes que los han acompañados hasta aquí.

Camus tuvo una infancia difícil: fue hijo de migrantes, con una madre que no pudo ir a la escuela y un padre que murió en la Primera Guerra Mundial, cuando él era aún muy pequeño. Pero fue siempre un estudiante agradecido, tenaz y laborioso: solo cuando enfermó de tuberculosis se vio obligado a abandonar sus estudios de Filosofía, en la Universidad de Argel. 

El escritor francés, en el momento más importante de su carrera, recordó esa infancia difícil para homenajear a su maestro de Primaria por su esfuerzo y dedicación cuando era pequeño y lo acompañó en sus primeros compases en el colegio. Ese maestro que lo dio todo en aquel presente para ser generoso con el futuro, un futuro que, muchos años después, fue como ese árbol ajado que da sus frutos en el momento más inesperado. Por ello, no les voy a vender el tópico de que el esfuerzo merece la pena, porque lo que merece la pena es la gratitud: esa gratitud es lo que hará germinar otras muchas cualidades que cada uno de ustedes lleva en su mochila. 

Y en esa idea de gratitud es en la que me gustaría que sigan viviendo ustedes, un grupo de alumnos y alumnas que ha lanzado los dados de su futuro académico en plena pandemia, un acontecimiento trágico que ha atravesado el presente de todos y cada uno de nosotros. Y, cuando todo pase, cuando todo sea pasado, quedará ese instante de gratitud en que nos reconoceremos en el otro; ese instante que impregnará a las personas que nos encontramos en el camino de ese espíritu generoso para dejarles una huella imborrable, una marca imperecedera de cada uno de ustedes.

Y se apagarán las luces. Llegará la calma momentánea, ese instante de paz, ese presente de las personas enamoradas que se miran y se reconocen la una en la otra. Llegarán otras tormentas que marchitarán las hojas, las flores, los montes y los océanos. Esas tormentas que les harán perder las fuerzas para entregarse a un presente que a veces también es injusto y cruel, ese presente que se transforma en un ejercicio de supervivencia.  En esos momentos, hablen con su yo y recuérdenle aquel verso de Walt Whitman: “retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta.”

Recuperarán, así, las ganas de seguir, de no perder el aliento, de ver de nuevo florecer la esperanza, de seguir dando las gracias a todos los que han estado a su lado por simplemente haber estado a su lado. 

Porque al fin y al cabo, la vida es eso de lo que hablaba Camus y que lo llevó a darle las gracias a su maestro de escuela en el momento más importante de su vida: el deseo de darlo todo al presente, sin olvidar el pasado.  

(Este texto es un extracto de las palabras dedicadas al alumnado de la promoción 2021 de 2º de Bachillerato del IES San Benito, en su despedida).

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