Recuperar la lengua de las mariposas

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Hace unos días, mientras hacía una guardia de recreo en el instituto en el que trabajo, vi por primera vez el rostro de una de mis alumnas de este curso, mientras desayunaba y se sacaba la mascarilla. Fue una experiencia extraña, diferente; una especie de reconocimiento personal o incluso alumbramiento. Había pasado casi un mes de clase ya y no les había visto, a ninguno de ellos ni de ellas, sus expresiones faciales, ya que, en el aula, de acuerdo con las normas, permanecemos siempre con mascarilla. Tuve la sensación, en ese recreo, de escucharlos hablar por primera vez; fue algo casi mágico, sobrecogedor y triste, al mismo tiempo.

En estos tiempos convulsos de la COVID-19, la lengua de las mariposas corre peligro; y también la de los seres humanos. Nuestros medios de expresión y comunicación, que combinan articulación de mecanismos verbales y no verbales de forma simultánea y que tienen mucha relación con la gesticulación facial, se están viendo mermados; aunque ya se adelanten algunos presagios, habrá que esperar algún tiempo para medir el terrible efecto que esta situación tiene en los modelos de aprendizaje y enseñanza que se llevan a cabo con el alumnado y junto a él, especialmente en las clases en donde se trabaja la competencia comunicativa, que debiera ser en todas.

El uso de las mascarillas es necesario y prioritario -no lo voy a discutir- dado que la protección de la salud es ahora una prioridad mundial, y más cuando nos seguimos desenvolviendo de manera predominante en el ámbito educativo en espacios cerrados y muchas veces con poca ventilación. Sin embargo, las alternativas de aprendizaje ante esta dura situación no se han desplegado a tiempo y, al final, lo más afectados son, si cabe, los estudiantes que más sufren potencialmente situaciones de marginación, además de aquellos docentes sensibles y preocupados (los hay, cada vez más, que ven mermado su trabajo porque se sienten impotentes).

Durante el confinamiento, los que nos atrevimos con clases virtuales al menos teníamos la posibilidad de escuchar a muchos de nuestras alumnas y alumnos y verles el rostro, aunque es cierto que algunos se quedaron de entrada fuera incluso de eso, además de los que con el tiempo fuimos dejándolos de escuchar. Sin embargo, ahora, el planteamiento educativo de la Educación Secundaria Obligatoria es diferente: la distancia física del metro y medio y el uso permanente de mascarillas que muchas veces dificultan la transmisión del sonido, marcan un compás de agonía de la necesaria parte humana -ya bastante herida por el confinamiento- fundamental para que nuestros actos comunicativos tengan la riqueza precisa, en una combinación armónica de mecanismos verbales y no verbales que desplegamos como de si de una sinfonía perfecta se tratase.

Metodologías emergentes

¿Soluciones? Claro que las hay, lo que creo es no se han implantado a tiempo en un planteamiento educativo que funciona como parche en el escenario actual, ante la cadena de improvisaciones de unos responsables políticos afanados en aparentar normalidad cuando la situación es cualquier cosa menos normal. Se me ocurre, y por ahora no queda otra mientras no se trabaje en un programa docente formativo serio que recoja metodologías emergentes ante estas nuevas situaciones que vivimos, seguir acrecentando la fortaleza de esa red de docentes que comparten sus buenas experiencias a través de Internet.

En ese mundo virtual, nutrido de la escucha activa y asertiva entre profesionales de la educación de contextos variopintos, podremos aprender que para seguir enseñando y aprendiendo la escuela necesita quitarse la mascarilla, y si para eso hay que recurrir a enfoques basados en la virtualidad, estos deben convivir con la también necesaria presencialidad. Dicho de otra manera: si los docentes de lenguas necesitamos escuchar a nuestros estudiantes para fomentar las destrezas orales de la comunicación, es ahora el momento -más que nunca- de buscar la manera para hacer que eso sea posible, recurriendo a la suma del ingenio colectivo.

La educación lingüística y comunicativa también requiere, en estos tiempos, de una reflexión profunda sobre los procesos que estamos poniendo en práctica en las aulas. Sé que es complicado, pero debemos hacer un esfuerzo para que el uso de la mascarilla y la distancia física no dañen aún más las destrezas de unos jóvenes que ya se pasaron mucho tiempo haciendo tareas en escrito y subiéndolas a plataformas digitales a la espera de la corrección de unos docentes que poco a poco fuimos viendo cómo perdíamos la interacción con una parte de nuestro alumnado, interacción que es necesaria para la forja del diálogo, el aprendizaje cooperativo y la construcción crítica de opiniones y juicios sobre las realidades que nos rodean, lo cual debe estar entre los pilares de una clase de Lengua.

Llega el turno de pedir; sé que, al final, para que la lengua de las  mariposas sobreviva y emerja con fortaleza ante las dificultades, no basta con la buena voluntad de los muchos profesionales de la educación que guían a los demás con ejemplos de multitud de buenas prácticas. Tampoco basta con el esfuerzo extra de muchos de ellos y de ellas, aunque ese esfuerzo sea el que permita dibujar sonrisas tras las mascarillas, sonrisas que se sienten y se dibujan como signo de que revolucionar y agita la educación en tiempos de crisis sí es posible.

Hace falta el apoyo de los gobernantes, la confianza de estos para poder dotar a las organizaciones curriculares y pedagógicas escolares de la suficiente autonomía como para poder alternar modelos presenciales con telemáticos, en una convivencia necesaria que permita poder explorar estrategias comunicativas -o encaminar las que ya los jóvenes usan en sus momentos de ocio-, todo ello con el  fin de recuperar en ellas posibles esferas pedagógicas que sigan haciendo de la comunicación lingüística el camino que más nos acerque a la libertad personal.  


(Nota:
La lengua de las mariposas es una película dirigida por José Luis Cuerda en 1999. Uno de sus protagonistas es un maestro de ideas inspiradoras y progresistas durante la época de la II República española)