La escuela de las promesas

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Chicos y chicas: me alegra verles con esas caras de felicidad, y a sus familias verlas con esa expresión de orgullo. No es para menos.

Haber llegado hasta aquí representa conseguir una especie de promesa de vida que se inicia desde que somos pequeños y empezamos a estudiar: “venga, que lo vas a lograr”, “ánimo, que tú puedes”, “no dejes de intentarlo, verás como esta vez te sale bien y alcanzas tu objetivo”. Son frases que habrán escuchado de sus seres queridos varias veces a lo largo de sus vidas. 

Todas ellas representan el inicio de algo que se sella; una especie de compromiso en donde alguien confía en ustedes. Al final, cuando estudiamos o cuando nuestros hijos e hijas estudian, se firma de forma simbólica una especie de promesa, en el sentido etimológico originario de la palabra: la expresión de la voluntad de dar a alguien o hacer por él algo.

La historia está plagada de relatos con promesas, y en cierto modo, muchas ceremonias están rodeadas de la simbología del compromiso. También un acto como este, de despedida de curso: cuando se les da la orla o un diploma que acredita que estudiaron Bachillerato entre nosotros, o que finaliza cualquier etapa escolar, se les está reconociendo un compromiso alcanzado, una promesa cumplida. 

También muchos de nuestros actos rutinarios están rodeados de promesas: frases como “te prometo que te voy a querer”, “te prometo que lo haré bien”, “te prometo que no va a volver a ocurrir” o “te prometo que voy a estudiar a partir de ahora” inundan la cotidianeidad de nuestras vidas.

En una leyenda de Bécquer que precisamente lleva ese título, ‘La promesa’, un amante le dice esto a su amada cuando marcha al campo de batalla: “volveré, te lo juro; volveré a cumplir la palabra solemnemente empeñada el día en que puse en tus manos ese anillo, símbolo de una promesa”. Los que tenemos más de cuarenta años crecimos con otra historia cinematográfica de leyendas medievales de promesas: la de La princesa prometida.

A partir de ahora, los caminos de cada uno de ustedes se van a llenar de más promesas, de más compromisos consigo mismos y con los demás; cada vez más exigentes. Detrás de cada promesa, en su sentido ético y noble, hay un acto de voluntad, de firmeza, de esfuerzo, de sacrificio y de esperanza. No pierdan nunca el valor que cada una de estas palabras tiene y tendrá para sus vidas. 

A mí me gustaría prometerles que siempre va a ir bien. Que siempre serán felices o que no van a tener sinsabores por el infortunio o por la injusticia. Pero ninguno de los adultos que estamos aquí se los podemos prometer. He hablado antes en el sentido noble de la palabra promesa, en el que creo con firmeza, pero eso no significa que piense que toda promesa se pueda convertir en realidad. Ojalá la vida fuera tan fácil. No lo es. 

Hace no mucho vi otra película que tal vez a muchos de ustedes les suene: El maestro que prometió el mar. En ella, un maestro de un pueblo de Burgos en los tiempos de la Segunda República hace que un grupo de niños y niñas se ilusionen con el aprendizaje a través de una promesa: llevarlos, al finalizar el curso, de excursión a ver el mar. Se dice que esta película es un homenaje a los maestros y las maestras del pasado, pero pienso que es mucho más: creo que hay sobre todo un homenaje a los logros que consiguen esos niños y niñas gracias a su maestro. Gracias a la escuela. 

Por ello, creo humildemente que un acto de despedida de una etapa escolar representa alcanzar una promesa que es más que un título, una matrícula de honor, sacar notas más altas o la posibilidad de hacer la EBAU. Es mucho más. Lo que la educación que han recibido a lo largo de sus vidas les ha dado es el logro de una promesa que hoy en día parece haber perdido algo de valor. Se trata de la promesa del saber, del conocimiento, de la amistad, del compañerismo, del civismo y de la confianza, en ustedes mismos y en los demás.

Por eso, queridas familias, deben sentirse orgullosas de sus hijos e hijas; porque han llegado hasta aquí tras recorrer un camino difícil lleno de escollos, pero que, al final, en perspectiva, tiene un sabor más dulce. 

Hoy se cierra de manera simbólica su etapa en nuestro centro escolar. Espero, en nombre de todo el Claustro de Profesorado, que hayan aprendido mucho a nuestro lado y que hayan sabido reconocer el valor que los conocimientos que han adquirido y compartido hasta la fecha tienen para ustedes. La importancia, por ejemplo, que los saberes técnicos o científicos tienen para que podamos tener un mundo y una vida mejor; lo relevante que es saber historia para entender nuestras sociedades o, simplemente, que se hayan contagiando del gusto por lo bello, por el arte, “la única satisfacción desinteresada y libre”, como decía el filósofo Kant

Es muy probable que sus vidas escolares se hayan iniciado, cuando eran pequeños, con promesas relacionadas sobre lo que querían ser en el futuro. Mi hija pequeña, por ejemplo, sirena y astronauta. Porque, al fin y al cabo, ese es el sentido de la promesa de lo que el saber les puede dar: ser mínimamente libres para pensar en ser lo que quieran ser, donde quieran, cuando quieran y con quien quieran. Nunca dejen que nadie sabotee sus pensamientos y anhelos, porque, si lo hacen, estarán saboteando también su futuro: el futuro de la humanidad.

Si a nuestro lado, en esta escuela de las promesas, han sido capaces de no perder esa ilusión por ver sus deseos cumplidos y sus sueños hechos realidad, habrá valido la pena.

(Este texto es una breve adaptación del discurso de despedida al alumnado de Segundo de Bachillerato de la promoción 2024)

1 comentario en «La escuela de las promesas»

  1. Sabias palabras , querido amigo. La última frase resume lo que sería la finalidad de proceso. Ojalá todo lo que comentas se cumpla. Estimo que es muy importante llegar al alumnado que se despide de una etapa importantísima de su vida con estas palabras esperanzadoras.

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