Halloween en la escuela: lo que aprenden y lo que queremos que aprendan

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Lo sabemos. Nos pasamos un curso escolar saltando de efemérides en efemérides; de celebración en celebración: ahora toca Halloween. Los calendarios de días señalados proliferan desde hace años por los centros escolares para marcar el compás de lo que hacemos, metidos en una vorágine apabullante de la que es difícil escapar. Hay quien llega a decir: ¿y aquí cuándo se da clase? 

Creo en la eficacia de educar en torno a fuentes de interés contextualizadas, siempre y cuando detrás haya un aprendizaje curricular claro. Sin embargo, dejarnos llevar por modismos y corrientes no deja de ser sino una rama más del árbol del esnobismo educativo, en el que no hemos sabido distinguir lo que es enriquecedor de lo que es simplemente una tendencia más que se evaporará, como otras, en medio de la parafernalia por su inconsistencia o poca solidez. 

En el caso de la festividad que se celebra entre los días 31 de octubre y 1 de noviembre, las sensaciones que tengo son encontradas. Por un lado, entiendo y comparto el valor educativo que puede tener realizar acciones interdisciplinares en torno a una situación de aprendizaje común que vertebra objetivos, criterios y aprendizajes de distinta áreas y materias, aunque lleven el timón los docentes de Inglés, ya que el predominio del sentido y valor sociocultural anglosajón, en este caso, es el imperante.

Pero es en esto último donde creo que debemos hacer una reflexión seria sobre el balance pedagógico que tiene detrás un enfoque de estas dimensiones y, como resultado, qué saberes son los que se aprenden en relación con los objetivos de Primaria y Secundaria que están en las leyes: un camino que ya están emprendiendo determinados centros, aunque queda aún por recorrer, al ir más allá de lo que siempre se ha hecho por costumbre.

Decía recientemente la antropóloga keniana Nyanchama Okemwa que “un niño sin raíces está condenado a tomar decisiones equivocadas cuando sea mayor, el viento se lo llevaría a cualquier dirección”. Y es en ese punto donde quiero entroncar esta reflexión: los eventos escolares relacionados con festividades de raigambre cultural deben acoger una perspectiva plural acerca de sus distintos enfoques, según los ángulos de este mundo tan plural y diverso en el que vivimos. En esa línea de profundización se perfila, por ejemplo, uno de los objetivos curriculares de la ESO, en este caso el J): “Conocer, valorar y respetar los aspectos básicos de la cultura y la historia propias y de las demás personas, así como el patrimonio artístico y cultural”.

Llenar colegios e institutos de elementos decorativos, atuendos y ambientaciones temáticas relacionadas con una efemérides como Halloween tiene que encerrar un mensaje respetuoso con la diversidad cultural, como ejemplo de sincretismo. Debe, además, emparentarse con las distintas experiencias que existen tras el entendimiento de celebraciones que, como el caso que nos ocupa, tienen mucho que ver con nuestras construcciones sociales y las de las personas que nos rodean, piensen o no como nosotros, como parte de su identidad. Y el caso de esta festividad es claro, en ese sentido. 

Lo que no debe fomentarse en la escuela es una perspectiva uniformadora; un episodio más de la colonización cultural cíclica que forma parte de nuestro engranaje vital, de nuestra historia. Es una verdadera lástima que el mensaje que, en muchos casos, se fije en torno a las actividades que diseñamos tenga que ver casi exclusivamente con comprender una celebración no tanto en torno a las ideas corales de la vida o la muerte, en función de nuestro origen, sino más en torno al tapiz consumista y escasamente equilibrado de otro evento más (y ya son muchos) ligado al derroche o al exceso, aprendizaje que jamás debe llevarse nuestro alumnado cuando pasen las fechas. 

El jolgorio inevitable que ahora tiñe lo que antaño fueron concebidos como los días de ‘finados’, de las ‘ánimas’, de los muertos o de los ‘difuntos’ es compatible con una reflexión de trasfondo pedagógico sobre nuestras tradiciones y raíces, así como las transformaciones culturales que encierra el paso del tiempo, lo mortuorio y el valor de la memoria para recuperar nuestros orígenes y entrelazarlos con los ajenos. Así, nuestras aulas multiculturales son fuente de vivencias y experiencias particulares sobre el sentir de unas fechas que tienen enorme interés educativo. Una relevancia que debe llevar a que sean abordadas desde disciplinas tan diversas como la historia, la literatura, las artes plásticas, la biología o la música, en una rica y verdadera situación de aprendizaje.

Al final, se trata de revisar la cultura de la muerte desde distintos ángulos, un tema bien tabú o bien objeto de imaginería distorsionada (el cine comercial, videojuegos y algunas series, por ejemplo, han contribuido mucho a ello). Ello en una sociedad que, dicho sea de paso, no hace sino adiestrarnos desde la infancia para la continua “protección” ante el dolor y el significado de morir, pero no para proporcionar un aprendizaje clave a partir de todo lo que social, psicológica y culturalmente encierra este proceso.   

Cualquier propuesta en torno a este reenfoque enriquecerá, a buen seguro, la festividad, tengamos un origen u otro, practiquemos o no cualquier religión o creencia. Todo ello además de las ya clásicas aportaciones de los docentes de lengua inglesa, que a veces se sienten “solos” —dicho sea de paso— a la hora de impulsar un ritual escolar que, si no se enfoca en toda su diversidad y sus matices en función de la edad del alumnado, puede verse empobrecido no en su empaque (el envoltorio, al final), sino en los saberes que guarda.

Lo que queremos, en definitiva, que aprendan, con todos sus matices y acordes.

 

1 comentario en «Halloween en la escuela: lo que aprenden y lo que queremos que aprendan»

  1. Super interesante este artículo Albano. Casualmente estamos en mi centro con un proyecto centrado en conocer los rituales que acompañan a la muerte en diferentes sociedades del mundo. Y oye, no hemos tocado ni calabazas ni esqueletos ni Halloween y aún así, ha resultado de gran interés para el alumnado.
    Gracias por compartir reflexiones, seguimos en el reenfoque🥰

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