Escuela cooperativa y transformación social

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Decía Freire que “la educación, como experiencia específicamente humana, es una forma de intervención en el mundo” (1997, p. 95). De ahí, se puede deducir que los educadores y las educadoras, en sus diferentes ámbitos de trabajo y ocupaciones, no pueden intervenir en el mundo si no intentan entender este desde una identidad que es comunitaria, múltiple y tiene su razón de ser en relación con los demás.

Escuela cooperativa

En esas interacciones con los que nos rodean, cambiantes en un medio ahora más digital que nunca -a causa del COVID-19- pero unidos en la consecución de un mismo fin, se atisba un modelo educativo transformador y participativo que trata de huir del peligro de, a partir de esquemas tradicionales del modelo capitalista de una economía liberal, entender la escuela como un espacio que comercializa un conocimiento como si de una mercancía se tratase (Illich, 1976) y que está en manos de, en el caso de la educación formal, distintos órganos de gestión educativa que actúan como perpetuadores de los privilegios de unos pocos, cuando en un modelo basado en redes de cooperación, la escuela solo tendrá sentido unida “a otros movimientos sociales y esferas públicas” (Giroux, 1990, p. 262) e integrada en una comunidad más global.

Esta idea de red choca, como decimos, con esa visión economicista tradicional de la educación, puesto que en las bases de la teoría de redes está la forja de las comunidades donde los principios jerárquicos quedan de lado para dar paso a estructuras cooperativas y a sistemas interrelacionados, donde todos y todas sus componentes buscan un bien común, ya que “cooperar con otros significa tomar conciencia de la desigualdad” (Aguado, 2011, p.10).

Por otro lado, en las últimas dos décadas, y especialmente tras la crisis del COVID-19, las nuevas tecnologías nos han permitido más que nunca conectarnos a través de nuevos medios, así como explorar de forma acelerada nuevas formas de interrelación, y quizás debido a este hecho seamos ahora más conscientes de esas redes que formamos. Efectivamente, en el momento actual hay una mayor conciencia de pertenencia a redes; sin embargo, sigue existiendo una visión desigual de estos nuevos entornos educativos, como reflejo de una sociedad basada en el ya citado mercantilismo. Dicho de otra manera, en un mundo actual globalizado e hiperconectado a través de los más avanzados medios tecnológicos, ¿por qué se están incrementando las desigualdades? ¿Contribuye nuestro entendimiento y comprensión actual de las redes tecnológicas a la justifica social y la equidad?

Las teorías reduccionistas entorpecen la incorporación del necesario diálogo intercultural para la transformación social desde las aulas: simplificando una realidad que siempre es compleja y polifónica dejamos de lado muchos matices de la misma que son necesarios para dicha transformación. No debemos olvidar que cooperar es tomar conciencia de la desigualdad, situacional y posicional. Por lo que utilizar las redes educativas como forma de sobrepasar esta visión limitada que nos lleva a encasillar desigualdades a partir de supuestas cualidades innatas en función de la “raza”, género, origen, la religión, etc. ; dichas desigualdades las explicamos en función de con quién estamos conectados, por lo que las redes nos servirán no para observar e interactuar a partir de la diferencia, sino para dialogar y compartir a través de diversidad de un mundo cuyas culturas están en continuo diálogo y, por ende, en permanente construcción (y deconstrucción) a partir de él.

Escuela cooperativa

El elemento transformador a través de la cooperación en la escuela debe tener como prioridad la lucha contra la pobreza y la desigualdad a través de la educación, para lo cual es necesario también interconectar redes: conectar el ámbito educativo formal con la familia y con otras comunidades socioculturales de práctica que influyen en los educandos. Así, convertimos la escuela no solo en una herramienta pedagógica sino también en:

Un modelo de intervención social en el que todo cobra sentido para el estudiante, que entiende que lo que trabaja en el aula está vinculando a un proceso complejo de comprensión del mundo y de intervención que nace con el objetivo de mejorar la vida de las personas.


Recursos

Aguado, T. (septiembre de 2011). Redes de Cooperación: I Espacios de Diversidad e Igualdad en Investigación Educativa. Investigación y Educación en un Mundo en Red. XV Congreso Nacional y I Internacional de Modelos de Investigación Educativa, Madrid, España.

Freire, P. (1997). A la sombra de este árbol. Barcelona: El Roure.

Freire, P. (1997). Pedagogía de la autonomía. Madrid: Siglo XXI.

Giddens, A. (1995). Modernidad e identidad del Yo. Barcelona: Ediciones Península.

Giroux, H. (1990). Los profesores como intelectuales. Hacia una pedagogía crítica del aprendizaje. Madrid: Paidós.

Illich, I. (1976). Educación sin escuelas. Barcelona: Ediciones Península.


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