Hacia un enfoque inclusivo de la discapacidad en el cine

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La producción de identidades

La historia del cine, un medio artístico de relativa juventud, suele asociarse a los cánones industriales marcados por el cine norteamericano. Su poder e influencia como constructor y destructor de símbolos y estereotipos se alinea muchas veces a la necesidad de mantener cierta hegemonía y control en lo que investigadoras como P. Ordaz han llamado “la producción de identidades” (2012, p. 3). Un ejemplo claro es el “star-system” que convirtió al cine estadounidense en una industria de primer nivel, desde la Primer Guerra Mundial, y que alcanzó su máximo apogeo en los años cincuenta del pasado siglo.

Pero al mismo tiempo que se forjaban los grandes iconos del mundo cinematográfico, se ampliaban ciertas desigualdades. A la presencia de actrices relegadas a un papel de objeto o asociadas muchas veces a una imagen de “mujer fatal”, se le sumaba la perpetuación de imágenes racistas de películas como Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939), situación que fue “dulcificada” en este caso con la concesión del Oscar a la mejor actriz de reparto a Hattie McDaniel, primera mujer negra en ganar una estatuilla.

Tras la Segunda Guerra Mundial, lejos de mejorar la situación, la época dorada del celuloide lleva a encumbrar a la categoría de leyendas a actores y actrices de la historia del cine de Hollywood, mientras que grupos minoritarios y marginados seguían relegados bien a un segundo plano o bien en su retrato como víctimas de la exclusión, muchas veces dentro de una hábil estrategia comercial.

Sistemas inclusivos en el cine

Pero a partir de los años sesenta del siglo pasado, todo comienza, lentamente, a cambiar. Muchos avances ya empezaban claramente a identificar la exclusión con una forma de discriminación, por lo que el fomento de sistemas inclusivos se empieza a considerar clave también en la cultura. Pero para ello era necesario darle voz y papeles protagonistas en las producciones artísticas a esos colectivos tradicionalmente marginados de la sociedad. En ese camino fueron importantes aportaciones como la adaptación que en 1975 hizo Milos Forman de Alguien voló sobre el nido del cuco, en relación a la discapacidad intelectual y a las enfermedades mentales, o la versión que David Lynch hizo en 1980 de El hombre elefante, si nos atenemos a la discapacidad física.

discapacidad en el cine

Sin embargo, la elección de dos actores de cierto reconocimiento para los papeles protagonistas de estos filmes evidenciaban lo que ya aclara P. Ordaz: “la selección de actores y el reparto de papeles en el cine constituye una especie de delegación de la voz y tiene un trasfondo político”  (2012, p. 8). En estas películas lo que prima es la interpretación ficticia para transformar realidades, y no la recreación de una situación o una escena que, en el caso de la discapacidad, como de cualquier otro discurso de la diversidad, es retrato fiel de una historia plagada de injusticias.

Un paso importante hacia el necesario empoderamiento de actores o actrices con discapacidad para interpretar papeles importantes en un intento de “humanizar” el cine para alejarlo de la tradicional ficción narrativa es el de Hijos de un dios menor (R. Haines, 1986), película para la que se eligió como uno de los papeles protagonistas a Marlee Matlin, una actriz con discapacidad auditiva.

Pero, tal y como vuelve a señalarnos P. Ordaz, “los repartos ‘realistas’ sirven de poco si la estructura narrativa y las estrategias cinematográficas siguen siendo eurocéntricas” (2012, p. 9): Hijos de un dios menor pone en la escena a través de una estética sensiblera a una mujer joven y guapa con discapacidad que trabaja como limpiadora en una escuela y que encuentra en el  profesor James Leeds, interpretado por William Hurt, refugio sentimental y una nueva forma de entender la vida, por lo cual el estereotipo de mujer con discapacidad asociado a “indefensión”, que necesita del rol masculino para realizarse.

Otras películas como Rain Man (Barry Levinson, 1988), Forrest Gump (R. Zemeckis, 1994), o, sobre todo, Yo soy Sam (J. Nelson, 2001) representaron también ciertos avances en la temática de la discapacidad en el cine. Sin embargo, para la necesaria transformación de un imaginario colectivo creado por y para las clases dominantes se hacen necesarios, a mi juicio, dos aspectos fundamentales: la recreación de historias verdaderas, aspecto a lo que contribuyó enormemente un filme como Mi pie izquierdo (1989), de Jim Sheridam, y la presencia de actores y actrices con discapacidad como forma de empoderamiento.

Así, en ese camino hacia la normalización se nos antoja fundamental, por un lado, que el elenco de actores y actrices se amplifique para que formen parte de él personas de este colectivo, tal y como, por ejemplo, ha tenido lugar en producciones como las cintas españolas Yo, también (A. Pastor, A. Navarro, 2009) o Campeones (J. Fesser, 2018). Por otro lado, es necesario que los personajes recreados no solo estén aquejados por una vida de calamidades y llena de dificultades, sino que se naturalice su presencia en el mundo del cine con el fin de que puedan llevar a cabo las interpretaciones más variadas –y no solo de personas con discapacidad-, aspecto este último clave para lograr su plena inclusión en el medio artístico.

Breaking Bad

Actualmente, en el mundo de los medios audiovisuales existen interesantes muestras de que un giro hacia ese tipo de discursos es posible, como por ejemplo se observa en series de televisión como Breaking Bad donde vemos al joven actor RJ Mitte interpretando sin ningún tipo de sentimentalismos un papel en el que su discapacidad no es el eje temático de la acción.

Ese es el camino para que la discapacidad, como una característica más de la diversidad humana, se normalice en el mundo de la cultura y el arte, paso necesario para alcanzar, algún día, la plena inclusión en la sociedad.


RECURSOS

Ordaz, P. (2012). Cine y multiculturalismo. Las representaciones de los discursos excluidos en las sociedades hegemónicas. Coloquio Universitario de Análisis Cinematográfico, Ciudad de México, 25-28 septiembre 2012. Recuperado de https://coloquiocine.files.wordpress.com/2012/09/patricia-ordaz-cruz.pdf


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