¿Cómo podría mejorarse la evaluación de los trabajos en grupo?

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El trabajo en grupo es tal vez, tras el examen, el instrumento de evaluación más habitual en los procesos de enseñanza. 

Tiene la particularidad de que, además, su presencia es constante en las diferentes etapas educativas bajo distintas fórmulas y formatos, sean en metodología cooperativa o no, o planteados como investigaciones de campo. Ello ocurre desde la Educación Primaria hasta la Universidad.

Suele ser habitual que establecer una propuesta equilibrada, precisa y lo más objetiva posible para la planificación de los trabajos en grupo sea uno de los principales quebraderos de cabeza del profesorado en las etapas obligatorias, Bachillerato e incluso en la Formación Profesional: unos hacen el trabajo y otros se copian, tenemos un estudiante TEA que precisa otras formas de relacionarse con los demás, algunos alumnos no respetan las aportaciones de determinados compañeros… ¿Cómo podrían mejorarse estos procesos para poder seguir avanzando en un modelo de evaluación formativa y manteniendo la relevancia de la heterogeneidad de los instrumentos y productos que se trabajen?

Debemos, en primer lugar, tener en cuenta lo que recoge el criterio de evaluación en el que nos centramos, para poder adaptarlo a los objetivos individuales o grupales que se quieren alcanzar con la propuesta concreta. Por ejemplo, si vamos al Real Decreto del Currículo de Secundaria de Lengua Castellana y Literatura, en su criterio 5.1 de 3º-4º ESO (el de 1º y 2º es muy similar) se recoge lo siguiente: 

Planificar la redacción de textos escritos y multimodales de cierta extensión atendiendo a la situación comunicativa, al destinatario, al propósito y canal; redactar borradores y revisarlos con ayuda del diálogo entre iguales e instrumentos de consulta; y presentar un texto final coherente, cohesionado y con el registro adecuado

Los verbos en infinitivo (planificar, redactar, revisar, presentar) nos ayudarán a establecer los indicadores de logro para trabajar tanto en su apartado individual como grupal, siendo importante recoger ambos en nuestras herramientas para evaluar. Por lo tanto, en los trabajos en grupo, una vez más, la observación del docente es clave: debe ir recogiendo en un diario o registro diferentes aspectos vinculados al trabajo individual, sí, pero también al colectivo, en cuanto a lo que cada cual aporta al avance del conjunto. La observación, además, nos ayudará a detectar posibles barreras en el diseño, con el fin de poder solventarlas ofreciendo alternativas en las formas de obtención de la información, presentanción o representación, siguiendo los principios del DUA

La propia capacidad de trabajar en equipo es un aspecto que se incluye además como aprendizaje que puede extraerse de otros criterios de evaluación, no solamente de nuestra materia sino también de otras. Basta con revisar el contenido de los currículos para darnos cuenta. De esta manera, tendremos aquí un punto a nuestro favor para poder  fomentar la interdisciplinariedad y, sobre todo, aportar una valoración al grado de adquisición de las competencias que están directamente relacionadas (recordemos que la evaluación competencial se hace de forma colegiada por parte de todo el equipo educativo). Por ejemplo, referido a Canarias podemos leer el siguiente descriptor en el Perfil de Salida establecido en su desarrollo curricular, en la competencia personal, social y de aprender a aprender:

Comprende proactivamente las perspectivas y las experiencias de las demás personas y las incorpora a su aprendizaje, para participar en el trabajo en grupo, distribuyendo y aceptando tareas y responsabilidades de manera equitativa y empleando estrategias cooperativas

La recogida de datos en una lista de control o en una escala de valoración cualitativa, graduada en niveles, puede luego lógicamente desembocar en una calificación/valoración para el estudiante y en otra para el grupo si lo entendemos necesario. Así ningún alumno o alumna sentirá algo de injusticia si todos se llevan la misma nota cuando han trabajado con diferente grado de implicación, constancia y compromiso. Por lo tanto, es muy importante evitar que sólo haya una única nota para el grupo, por mucho que pensemos que la clave sea el resultado o producto final. No olvidemos que, al fin y al cabo, el aprendizaje es individual.

Insisto en que, de nuevo, más que «la nota» del trabajo, lo interesante es el seguimiento que hemos podido ir haciendo de la labor que se realiza, así como el feedback constante que somos capaces de establecer con los componentes del grupo. Mariana Morales, consultora educativa, indica a ese respecto lo siguiente en este artículo

Lo que interesa para mejorar el aprendizaje es una evaluación formativa que detecte errores, reconduzca lo que sea necesario y anime a los estudiantes a hacerse nuevas preguntas. Y, por eso, la evaluación se hace mientras están desarrollando el trabajo

La gran mayoría de técnicas y dinámicas propuestas en el aprendizaje cooperativo, si recurrimos a este (que es lo ideal), permiten que se valoren ambos aspectos: el trabajo individual a través de la asgnación de distintos roles y la aportación grupal. En esta última, centrada en el funcionamiento del grupo como conjunto, puede ser interesante partir de la técnica de autoevaluación del rendimiento, y recoger ahí, como posibles elementos evaluables, en qué medida se alcanzaron las metas propuestas, el grado de mantenimiento de las relaciones de trabajo, la eficacia de la toma de decisiones para la mejora, etc.

Por ejemplo, si vamos a valorar la producción del equipo en una presentación delante de la clase, es importante que el grupo no sólo se centre en la explicación del contenido del trabajo hecho, sino también en los pasos que han seguido para llevarlo a cabo, incluyendo las aportaciones que cada uno ha realizado según sus roles y las dinámicas que se han establecido. Esto último favorecerá la autorregulación del apredizaje y establecer posibles mejoras en trabajos futuros.

No olvidemos que, al final, más allá de la nota que pretende reflejar el resultado del trabajo que se hace, formar equipos eficaces de trabajo en el aula es una estupenda estrategia para cohesionar el grupo y mejorar, si se hace bien, el clima de convivencia:  el alumnado aprende a ayudarse, a cooperar, a trabajar por un cometido común, a apreciar las diferencias, a valorar lo que aporta la mezcla social y étnica, a desarrollar dotes comunicativas, la toma de decisiones, la asunción de responsabilidades, etc. 

Todo ello repercute en un aprendizaje que siempre incide sobre la persona, en lo individual, por lo que la clave está, reitero, en el seguimiento particular que se hace a lo que cada cual está aportando al conjunto del grupo, con el fin también de poder reorientar el trabajo en algún momento y corregir errores en el proceso, si fuese necesario. 

Así mejoraríamos nuestro planteamiento de los tan frecuentes trabajos en grupo para convertirlos en lo que realmente son: una fuente de aprendizaje y enriquecimiento personal con un enorme sentido colectivo. 

 

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