Educación digital universal

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Los derroteros de los nuevos modelos educativos motivados por la crisis del COVID-19 parecen conducirnos en la educación formal a seguir apostando en lo posible por la educación a distancia.

 Cuando comience el próximo curso escolar, la opción probable por la que van a apostar la mayor parte de las instituciones de enseñanza es el refuerzo de su infraestructura educativa telemática, tanto para implantar alternativas basadas en un modelo híbrido o semipresencial como para preparar un sistema digital pleno de envergadura: existe la posiblidad de que nuevos brotes del virus obliguen nuevamente a suspender la educación presencial y a establecer otra vez un modelo de educación en línea al 100%. Sea como fuere, hay que estar preparados ante cualquier escenario.

Ante estas posibilidades, estamos, creo, en el momento de comenzar a considerar de una vez por todas Internet como un medio de comunicación de primera necesidad para las familias. Sin embargo, aún no se ha alcanzado la universalidad de este recurso: por ejemplo, en España, según los datos de la última encuesta publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), todavía hay un 8,6% de hogares sin conexión a la Red.

Si nos vamos a otros contextos del planeta, los datos son aún más preocupantes: mientras hay zonas como Estados Unidos o el norte de Europa en donde la cuota de penetración de Internet es ya cercana al 100%, hay regiones del planeta donde estos porcentajes son especialmente bajo, como es el caso de África central (12%) seguido por el este de África (32%), todo ello según datos presentados a inicios de 2020 por la consultora We Are Social y Hootsuite. Para estas regiones, mientras siga existiendo una política mundial tan desigual en la distribución de recursos, tal vez habría que valorar las posibilidades reales de aprendizaje que pueden tener las crecientes -según diversos estudios- conexiones de datos de móvil y el potencial acceso que pudieran tener los estudiantes de estas regiones a estos dispositivos y a sus redes sociales, para que mediante esas estrategias puedan seguir teniendo la necesaria interacción con sus docentes.

Riesgos de no vivir conectados

Parece este, también, el momento oportuno de revisar los indicadores que hacen que un entorno familiar sea considerada de riesgo o vulnerable, con el fin de valorar hasta qué punto puede afectar a su desarrollo social el hecho de que, a lo largo de un confinamiento que más o menos ha durado dos meses, un número importante de hogares no ha tenido un medio que durante todo este tiempo ha sido prácticamente el único -junto al teléfono- que ha mantenido unidas a las comunidades escolares. Así, la OCDE arroja datos preocupantes para, por  ejemplo, países como México, en donde, según su informe Responding to coronavirus: Back to school, un 43,18% de los estudiantes no tienen acceso a un ordenador en casa para las tareas escolares.

Es necesario, así, estudiar posibles medidas como, por ejemplo, la ampliación del bono social que existe para facilitar el acceso a la electricidad en colectivos en riesgo de vulnerabilidad: si Internet es ahora una primera necesidad que favorece la equidad en el estudio y potencia el trabajo desde casa -con todas las ventajas que esto último conlleva para la conciliación-, las medidas compensatorias que contribuyan a atenuar las brechas deben dirigirse a paliar estas carencias que tienen determinadas familias, tanto en acceso a la Red (ayudas para que estos colectivos paguen menos por tener Internet en casa) como en dotación de recursos informáticos (ampliar a cursos venideros el sistema de préstamo de material tecnológico que han estado haciendo muchas escuelas).

¿Plataformas inclusivas?

Una vez avancemos en este acceso universal de la tecnología al servicio del aprendizaje, será el momento de analizar con detenimiento si las posibilidades de uso son universales también. Así, del compendio hecho por la UNESCO y puesto a disposición de la comunidad mundial en una recopilación de plataformas y servicios educativos a distancia, se deduce cierto grado de dispersión en las herramientas digitales de países con un amplio abanico de soportes y recursos, que muchas veces funcionan a modo de repositorio de herramientas. Esto contrasta con la loable claridad y la sencillez de las plataformas educativas de países con un PIB sensiblemente menor pero que han hecho un enorme esfuerzo por adaptarse a las circunstancias actuales.

En el listado de la UNESCO, se observa también la tendencia de muchos países por la apuesta del medio audiovisual como instrumento inclusivo que además que permite llegar a esos estudiantes que no tienen Internet o material tecnológico en sus casas: desde multitud de televisiones educativas hasta canales de redes sociales de YouTube habilitados como medios oficiales de aprendizaje.

En lo referente a esta última herramienta propiedad de Google, es conveniente analizar detenidamente su potencial como ejemplo de software social y universal, ya que tiene diferentes virtudes: posibilidad de adaptarse a ritmos diferentes de comprensión, introducción sencilla de subtítulos en distintas lenguas, popularidad en la población infanto-juvenil, gratuidad, acceso sencillo a través de dispositivos móviles, posibilidad de fomentar la creación de producciones en el alumnado, buen engarce con otras redes sociales y blogs, etc. Esta opción, pues, debe ser tenida en cuenta muy seriamente por educadores e instituciones relacionadas con la enseñanza en general, para lo cual es prioritario trabajar en sus posibilidades de retroalimentación estudiante-docente y de trabajo colaborativo en línea entre estudiantes, ya que las existentes, por lo recogido en el compendio realizado en la web de UNESCO (canales educativos oficiales de países como Yemen, Siria o Iraq, entre otros, más todos aquellos otros que existen en ámbitos locales o regionales), siguen siendo demasiado unidireccionales y jerárquicos en general.

En definitiva, el futuro se plantea con escenarios educativos más digitalizados y necesariamente más audiovisuales, que además permiten explorar nuevas fuentes de aprendizaje, creación y motivación para la formación de las nuevas generaciones; no desdeñemos, pues, sus posibilidades ni los nuevos campos que se abren para un diseño universal del aprendizaje:

Para todo ello, tiene que haber una apuesta política clara por acercar este nuevo universo tecnológico a las minorías, a los colectivos marginales, a los contextos empobrecidos por una construcción interesada, desigual e injusta de la historia y a las personas que, por cualquier motivo, están en mayor riesgo de exclusión.